Quizás haya que empezar por un evidente y necesario reto: los cien años de Laura Mora y su equipo tenían que ir mas allá de los cien años literarios de García Márquez . Y solo se pueden comparar en calidad ( la una literaria, la otra visual) pero no en lo que se espera de cada una.
De la comparación se llega, en cada caso, a la plenitud como manera de expresión diferente y profunda. Pero no se le puede pedir a la imagen lo que da la palabra, ni tampoco lo contrario.
Hecha esa dintincción, hay que conluir que los cien años visuales de soledad son in- comparables y a la vez tan creativos como los escritos y cubren etapas distintas de la vida, cada una a su manera. Tienen, sin embargo un elemento común : la acertada síntesis imaginaria, dramática y no caricaturesca de los pueblos colombianos.
Del texto explicativo de Santiago Gomez Cubillos, publicado en El Espectador ( agosto 7, 2026) entresaco aspectos que pueden servir de faro para profundizar en lo que va del poder de la escritura al poder de la imagen. Pero también, del esfuerzo y la obsesión creativa , tanto de García Marquez, como del enorme equipo al que se debe la obra en Netflix ( 13000 actores, 19000 plantas sembradas, Macondo construido , un enjambre laborioso de especialistas).
Todo el trabajo que representa esta serie me lleva a implorar para que, en el futuro, se preserve el sitio de grabación como atractivo turístico y recalcar, el logro, en ambos casos : “reconstruir ( con magia, agrego) lo in-abarcable” .
Veamos en sus propias palabras, recogidas por Santiago Gómez Cubillos, lo que buscaron los creadores de la Serie al convertir lo escrito en imágenes, logrando mantener el incomparable poder descriptivo de Gabriel García Márquez. :
1- Un reto para los guionistas : “ llevar esas descripciones a acciones o diálogos que puedan ser capturados por las cámaras”, quizás la hazaña mas difícil .
2- No enfocarse solamente en la “historia principal” sino prestar atención a los demás elementos que componen la novela. (Laura Mora)
3- No sobresaturar con detalles y tomar decisiones en favor de la narración.
4- “Buscar fotografías, pinturas e incluso películas, que me ayuden a alimentar ese acervo creativo para construir las imágenes “ ( Laura Mora)
Sin duda, todo el equipo se empapó de la novela y a tal punto en lo garciamarquiano que la lluvia , el acordeón, la lentitud, la desesperanza interior de la música “ costeña de río” como la llaman los caribes del Sinú ( que no se dejan igualar con los tan diferentes ritmos vitales de los del mar caribe) la comida abundante y el plátano guineo , el encanto de los nombres “Pilar Ternera, o Mauricio Babilonia” para citar solo dos , la humedad que pega al cuerpo, los cuerpos que se buscan en la siesta o en la noche, todo aquello resulta una mezcla inigualable de esta serie que tendrá un encanto adicional : impulsa, por lo menos en mi caso, a releer la novela y reencontar esas frases que tienen todo el sabor de la guayaba.
Sin mencionar desde luego, el papel decisivo de los impecables actores y la resistente personalidad tanto de la imponente Ursula , como de los Buendía, que resiste todos los episodios y se vuelve tan real , que uno se olvida de que no existen. MTH
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