jueves, 19 de enero de 2017

LA TUTELA DE LA PROFESORA CAROLINA SANÍN


Sintomático: la primera reacción de  muchos (y de muchas)  compatriotas  frente a la tutela interpuesta por la profesora Carolina  Sanín  implicaba sugerir que no merecían ser protegidos  sus derechos  por “grosera”.  Medios como Semana.com y redes sociales  reprodujeron con cierto  morbo la cita de sus groserías.

Como sucede mucho en nuestro país, la  grosería parece  más importante que los derechos fundamentales. Pero esa reflexión,  como hubiera dicho alguien,  es “ori… fuera del tiesto”. Yo simplemente escribo  que las ramas impiden ver el bosque.

Porque en Colombia, por cierto tan grosera, la  grosería no solo es de palabra sino de obra, cuando  se observa cómo  se trata a los  enfermos, los viejos y los  niños.   El rasero no  parece depender del respeto a la dignidad humana,  sino si  la persona es grosera o no, si cae bien o no, si es amiga o enemiga, si tiene o no palanca.

 Sin embargo, en un país que respete los derechos  humanos y le dé verdadero sentido a la democracia, el respeto a la  dignidad  proviene de considerarla esencia misma de todo ser  humano,  trátese de hombre o de mujer,  de  LGBT, de viejos o de niños  (cuya  protección es  prioritaria),  de antagonistas políticos, religiosos o ideológicos,  de educados o maleducados. 

Sea dicho de paso,  resulta increíble  la actitud de personas religiosas como  Vivian Morales,  que prepara un referendo  para excluir a  seres  humanos como regla  general, es decir por  ley,  en  una sociedad en la que  hay tanto maltrato y abuso de niños.   

Por eso mismo, también en el caso de  la tutela interpuesta  por la Profesora Carolina  Sanín,  y a mi modo de ver,   el análisis  no se debe  focalizar solamente en el  derecho a la igualdad de género. Un fallo sobre el cual se pontifica pero que  nadie  ha  leído completo (sólo su parte resolutiva ) en mi  caso  por más esfuerzo que hice para conseguirla. (Mala maña de un sistema judicial   que todavía  no  sabe  poner sus fallos  por internet). ¿Será que la tutela solo la puede leer  e interpretar quien interpone el recurso o la institución  que quiere pasar agachada?

Otros aspectos merecen reflexión:  el papel  de las universidades privadas que privilegian  el negocio, o  de las  públicas, la politiquería, sin preocuparse por  los contextos sociales del país;  la libertad de  cátedra y el respeto a  los docentes; o la educación ex cátedra.

Vale la pena sopesar en qué consiste  la igualdad. Por ejemplo, en la Universidad  de los Andes,  si es una igualdad  teórica y casi que "caritativa" la que ofrece a  los estudiantes  “pilos”  del estrato 1 y 2,  casi  que limitándose a otorgar cupos y a nivelarlos académicamente y  exponiéndolos sin  prevención. Porque la  responsabilidad social de las universidades, más allá de  acoger a los pilosos de estratos  bajos, es educar a la comunidad estudiantil en la igualdad y  evitar matoneos entre los compañeros o a profesores. La igualdad  es  asumir  que la institucionalidad también debe  ocuparse de los contextos de estos "pilos" para lograr que se adapten a una  universidad  con estudiantes de  “alto  turmequé”  es decir privilegiados, a veces exhorbitantemente ajenos a la realidad social,  por su  estrato. Eso sin  mencionar las limitaciones del programa en sí, que tiene mucho de publicidad  y poca cobertura a un costo demasiado alto, y de las cuales me ocupé en otra ocasión.

 Como  bien  lo reafirma  Carolina  Sanín  en relación  con  los  derechos fundamentales  violados :

“Hoy el juez primero penal municipal de Bogotá determinó que la Universidad de Los Andes violó mis derechos fundamentales (y los de ustedes) a la libertad de expresión, al debido proceso, al libre desarrollo de la personalidad, al trabajo y a la dignidad humana. Esto deja claro que nadie está por encima de la justicia y que las colombianas seguimos luchando por la igualdad de género en todos los espacios. ¡Viva la ley, viva la libertad de pensamiento, vivan los estudiantes y viva la universidad verdadera, vital y libre! Hemos ganado todas. Sin miedo"

Gracias a  no haberse conformado con la echada, le debemos a la profesora Sanín la oportunidad de ir más allá  de  la igualdad de género  (aunque  si  hubiera  sido un hombre, por supuesto,  la  reacción del rector  y de ciertas personas  iba a ser  diferente).  Porque no se puede  quedar allí la  proyección  de la tutela, sino que  debe avocar  muchos otros aspectos, como  el  comportamiento de la Universidad.

Desde el  punto de  vista  sociológico,  por ejemplo,  esa actitud del rector implica unos enfoques y  decisiones  que no  se compaginan  con la comunidad universitaria. Lo primero es no haber seguido el conducto  regular   académico con la profesora y violar por lo mismo su derecho al trabajo digno y al debido proceso. En Colombia, muchos docentes,  tanto de  primaria como de  media y universitarios,  reciben un tratamiento que va contra su dignidad y su  papel  fundamental, que tanto se resalta  publicitariamente, de una  educación  de mejor  calidad, al cortarles abruptamente sus contratos.

 En el caso universitario y concretamente en  la Universidad  de los Andes, se debe reflexionar, por ejemplo, sobre su impacto real sobre el país.  Demasiado ocupada por  posgrados rentables, Los Andes  se queda en  su cima y no parece  aportar elementos convincentes de análisis interno.  Como sucede con los PHD  colombianos  de  las universidades  norteamericanas ( para no  citar a  la -según dicen  en EEUU- decaída Harvard), sus decisiones  cuando aterrizan  tienen  un cierto desentono  con  lo que  necesita  la otra  Colombia. Un tanto acartonados frente a nuestras complejidades.

 Lo importante  en el caso  Sanín, entonces,  en vez de convertirla en una Juana de Arco, es  el comportamiento de las  autoridades universitarias:  no es aceptable permitir  por ejemplo que  un sector  de la comunidad  universitaria la matoneara[1] y no reaccionar cuando lo  hacen por  Facebook. Uno no solo es estudiante de una universidad dentro, sino fuera de ella. Es  reprobable también  que  la Universidad no siguiera  el  conducto que  merece la  libertad de cátedra,  y la dignidad  de un profesor. De allí los compromisos que  debe  adquirir  en relación con la tutela, pero más  allá: no solo con una campaña en los próximos tres meses, como la pide el juez de primera instancia,  sino como parte integral de la educación que imparte.

Cuando se habla tanto y  discursivamente de reconciliación,  casos como esta  tutela  deberían  llevar a mejorar las relaciones entre los seres  humanos  con  base, más que en el perdón, en el respeto a los demás y en la manera de  convivir .


RECOMENDADO LEER ANTES DE  JUZGAR  A OBAMA


El viernes 20 de  enero  termina  una era  y comienza otra en la  que, por lo que  ahora parece,  el periodismo  puede jugar un  gran papel de  contrapeso, incluso hasta motivar el empeachment. Pero veremos hasta donde se ha contaminado en el mediatismo.

En  todo caso, resulta  casi  risible que,   desde  nuestro  rincón provinciano,  algunos  se arriesgan a  escribir o a decir que  a Obama lo recordará la historia  solo  por ser  negro y por dos  periodos   en que poco o nada sucedió.

Algo parecido  está sucediendo  con el Presidente  Santos, en dos sentidos: El primero,  desconocer  la importancia  del primer premio Nobel de Paz colombiano, logrando  lo que  sus  dos envidiosos  colegas ex presidentes no lograron:  un acuerdo  de Paz con las FARC.   El segundo, en sentido contrario, inflar tanto a Santos  que  se le iguala a Obama.  La diferencia no está  en  el premio  Nobel  que comparten,  ni en sus méritos  al  haber  logrado  cada cual  resultados a pesar de las dificultades, sino en una ventaja  adicional  de  Obama: su madera de escritor y su profundidad.

Leído y releído...
La huella de  Obama  será más  perdurable  porque no cabe duda que  seguirá  escribiendo y liderando intelectualmente. Así sucedió  con Winston  Churchill, cuyo papel en la guerra  es analizado   hoy con mucho más sentido  crítico que antes, pero que sobrevivió  literariamente con sus memorias.

Obama  será  recordado  por sus  escritos,  por la profundidad del análisis de los valores norteamericanos,  y como se construyeron  sus propias  concepciones sobre  aspectos como  raza y racismo ,  igualdad de oportunidades,  la fe en  EEUU, la familia, la proyección de la democracia en el mundo .

 Por eso, en  vez de tanta  discursividad light  a favor o en contra,  la historia  contrastará a Obama con sucesores como Trump, que poco  valor  le dan a las ideas y a los  escritos y mucho valor a la  efímera y hueca imagen publicitaria.  Seguramente,  Obama seguirá con su estilo  de liderazgo intelectual y  literario, para satisfacción de sus lectores.




[1] Como sucedió , en sentido contrario,  al permitir que  se  matoneara  la dignidad del  suicidado hijo de Piedad  Bonnet  sin  ninguna  observación al profesor.

jueves, 12 de enero de 2017

COLOMBIA: ¿OTRAS MANERAS DE ANALIZARNOS, O APOLTRONAMIENTO EN LAS ILUSIONES?

  Dedicada a Zygmunt  Bauman

En este  largo tránsito  convencional de un  año a  otro, se suelen hacer reflexiones sobre quienes somos y para donde vamos.

Es un balance complejo. Más aún en un país como el nuestro, que sigue  siendo sociedad de la mentira, de la  exageración, de la discursividad  amplificada por los medios con lógicas comerciales, de promesas más  que de resultados.

Hay consabidas  buenas intenciones con pocos mea culpas,  mucha falsa ilusión y  un mal preparado aterrizaje a la realidad del 2017. Esta vez, algunos casos concretos-  como el del asesinato  de la niña  Yuliana, (y el  subsiguiente  desinterés  casi total por  su familia caucana)  ,  o la saturación light  sobre  los bailes  de  las FARC, las envidias por el Nobel, los reverzasos de la fiscalía más contra el anterior  fiscal que por la propia eficiencia,  permiten    comprobar  cómo la realidad  construida depende  demasiadas veces de los intereses de cada quien y de un análisis mediático,  vergonzosamente  liviano, de nuestras tragedias o  comedias. 

Quienes  pertenecemos  a las  “zonas  grises”  rehusamos que  nos definan las cada vez más  erráticas encuestas  del SI, y del NO  sobre  cualquier tema, como si la vida y el futuro admitieran esas “decisiones”.

Pero  nos sentimos a veces  solitarios  en  nuestras percepciones de lo que nos pasa   como   colombianos,  frente a  olas de optimismo ficticio que nos hacen creer lo que no somos   o seremos (por ejemplo, los más educados   de América  Latina en el 25, que la paz llegó con los  acuerdos, o que  podemos logarla  sólo con alabarla).  

 Frente a esa  sensación de incomprensión, aparecen  de pronto otros ciudadanos  que tampoco  tragan entero. Desean  resistir  y  explicar   nuestras   fortalezas pero, sobre todo,  nuestras debilidades.  Eso me sucedió  con un  libro por  cierto poco comentado   en un país que poco lee  pero que va en su cuarta edición, con un titulo por lo demás  vendedor  pero  desorientador: “ ¿ Por qué  fracasa Colombia?, delirios de una nación que se desconoce a sí misma”[1]  Frente a las  “cajas de citas “ de los instalados en la violentología o  ahora en  la pazología, el autor, Enrique  Serrano,  presenta  algunos rasgos de  nuestra mentalidad :

Un “provincialismo  mental”, conservadurista,  originado en migraciones,   explica  por qué   somos  “una nación  no planeada,  no deseada”  y obsesionada por la limpieza de sangre. Esa  necesidad de blanquearnos, no como un juicio de valor del autor  sino como análisis de  valores prioritarios en la construcción de nación. O   la familia extensa, [2]   como base  del  desarrollo  social , lo  que explica, a mi modo de ver,  el poco impulso de  acciones colectivas más allá de las marchas de protesta, y por qué no,  el auge del clientelismo.

Somos-  escribe el autor -un grupo de personas   desconfiadas e individualistas ,   que   hacen del “pasar agachados” un  modus vivendi,  como  por cierto lo había observado ya   Fals Borda con  la estrategia de la oicotea en la Historia  Doble de la Costa.

Caricatura (1986) de Garzón para "La sociedad de la mentira"
 Analizar lo cotidiano,   como lo hizo  en relación con los países occidentales más desarrollados el sociólogo  Zigmunt Bauman,  es  tan   importante  para entender nuestra disolvente  mentalidad colectiva .  a la colombiana como   sin  fin de  academicismos, a decir verdad, bastante estériles, de nuestra pazología.

Detenerse, por ejemplo, como lo hace   Serrano, en  el  uso  tan prudente  del  “me da mucha pena” en el altiplano, o lo que  se ha mencionado  en este  blog  sobre la  manía de  usar diminutivos (hágame  un  gran favorcito, espéreme un momentico)  o el "sumercé" , no como chiste  sino como hábito, es más  indicativo de nuestras relaciones colectivas  que la verborrea pacifista que sigue inundándonos en el 2017.

 Para  Serrano, un antecedente histórico de migración de  cristianos nuevos   en huida irremediable  de la persecución por ser de origen  judío o musulmán en la Andalucía reconquistada,  determinará   por qué  la nación  colombiana  no  fue ni planeada  ni deseada.

Ser en sus orígenes   una  nación de paso, esa inadvertida historia  de colonos rasos   durante la colonia  fue minimizada por el énfasis  en   los   criollos de alcurnia.  Nos hemos  criado pensando  que   no había nadie más allá del   sabio Caldas o Camilo Torres, lo   que a mi modo de ver, ha marcado  nuestra  manera de vernos  históricamente. 

Nos  seguimos aferrando  al centro político  para explicarnos.   Esa tendencia  solo ha  sido reversada  por   historiadores no académicos  y de mochila  como un   Alfredo Molano.   Y no nos  digamos mentiras : una   “independencia mal digerida” , como la califica  Serrano,  llevó a   que a la mayoría de los    neogranadinos le importara un  higo la guerra de la independencia  a  pesar de que la sobrevaloremos .

Serrano  también recalca el papel preponderante de la Iglesia  en nuestra historia de fundaciones, por  esa manera  de los  historiadores de  sobredimensionar  lo político (agrego  yo) .  Hoy como ayer,  con el claro   ejemplo de la mística Vivian Morales,  justificar  desde   la religión es un  retorno a la caverna, que  explica que nuestros avances son para retroceder.

 El autor, en contracorriente, recalca   también  el papel poco resiliente de las comunidades indígenas que no tenían   el poder local suficiente, a diferencia de México y Perú.  A mi modo de ver , una cosa es respetar  las  etnias  y otra creer que  la cultura  del yagé  nos curará de nuestros  males, que  los wayu no van a adaptarse a  la necesidad de medicina y salud   de la época,  o que no hay corrupción en  algunas de las  consultas  que  se dilata desproporcionadamente, sin  mayor democracia.

Desde luego tengo  divergencias  con el  autor, además del título de su libro,  como por ejemplo :

  • Aunque coincido en que se  privilegia a la familia  frente a lo público,  no creo que seamos una sociedad matriarcal  tan solo porque nos   tocó parir a nuestros hijos y  ocuparnos del hogar  en  donde,   escribe  el autor,  se  toman  las decisiones básicas.

  • Tampoco me  parece  exacto   que  la  comunidad vallecaucana sea la única meztiza y más aún,  que eso se  deba en el Valle  a las élites.

Pero sin duda son  útiles  recorderis sobre como   el  dato  según el cual,  a finales  del siglo XIX el  95 %  de los colombianos era analfabeta,   lo que  explica en  el inconsciente colectivo la importancia que se le concede  al chisme  y  que  se traduce hoy  en los secreticos de Darcy,    el 1, 2, y 3 de los  rumores de CM&, o  la tendencia  a inventarnos la   realidad en  vez de confrontarla.

También vale la pena  recalcar  su análisis del manejo del  idioma  como distingo de clase , a propósito  del cual ver  al  final  otro recomendado: la  biografía novelada de Don Miguel Antonio Caro. O ese extranjerismo provinciano que, también a mi modo de ver, hoy se refleja en  la importancia  y la   admiración que suscitan  los  estudios en   Harvard  frente  a los   errores   que  cometen sus  PHD  en la apreciación de nuestra realidad. 

  ¿Y qué decir  de  esa  necesidad de “descrestar” o  la debilidad de estarse  justificando continuamente por lo que no se hizo, o  ese “Dios mediante” que  es una  manera de  esperar que el Supremo   resuelva   nuestros    problemas  (además del azar y el  destino, mencionados  por  el autor  y que, también a mi modo de ver, se  fortalece con el  crecimiento de las iglesias  Cristianas).


 Según Serrano , nos vamos a demorar    mucho mas que otros - los chilenos, los  argentinos o los uruguayos. Más allá de la especulación, y como tanto lo  hizo   Zigmunt Bauman   con  su análisis de lo  efímero  en  la sociedad, el amor,  la política,  para el caso colombiano   resultará  más útil para la paz que pontificar sobre ella , una perspectiva  como la de Serrano. Obviamente admite  otras complementarias.    Pero  debería    motivarnos,   resistir  a los vendedores de ilusiones, para  no acabar descalabrados.

  

OTRO   RECOMENDADO :

 El  ego alborotado de  Miguel  Antonio Caro  solo se compara con la manera como inflamos  su  imagen histórica e intelectual, de hombre que  hablaba griego y latín  pero  que se  vanagloriaba por  no haber salido nunca de la Sabana de Bogotá.


 La  agradable biografía   de un  autor  santandereano no suficientemente valorado, Gonzalo España,  [3] lo  restituye a Caro su mediocridad de  promotor indirecto de la guerra  de los mil días, fundamentalista, implacable censor y persecutor de los liberales radicales. De  envidioso y mal amigo de  Rufino  José  Cuervo. Pero también  es la novela de la mediocridad de una dirigencia    que aceptó un   anciano    como Sanclemente  o un intelectual inepto para  ejercer el poder como  Marroquín.




[1]  Enrique Serrano,  Planeta,  Cuarta Edición, 2016.
[2] Estudiada  por   la pionera   doña Virginia  Gutiérrez de  Pineda
[3] Gonzalo España, “Odios Fríos, la novela de Miguel Antonio Caro  en  el poder”, Grijalbo, abril 2016.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

El arte: plenitud de una comunicación silenciosa




Así los veo, al vaivén de las caminatas,  y así me han motivado.  
Respiran a través de sus formas.

Busco en ellos el sentido  de lo que quieren expresar  de sí mismos o de otros. Pero,  también,  de lo que grita la naturaleza cuando la violan, la dejan  exhausta, la expolian.

Por lo   general,  han caído  por su propio  cansancio y vejez: sus  raíces quedan mirando al cielo.  También los  cortan porque  amenazan caer:  ya no  hay más remedio que sacrificarlos.  Son lo  que queda   aferrado  a la  tierra, cuando lo humano ya no   encuentra  para qué  usarlos.

Sus raíces se vuelven   brazos;  sus vientres, gestación; sus    grietas, sufrimiento; sus oquedades, angustias  sus ritmos, objetos y esperanzas.

 Esos  son los que me motivan. Los que hacen crecer el deseo de revivirlos como un grito, como una alegría, como una tristeza  o como una ilusión. Sin mancillarlos. Para   recordar la ambición voraz   que   ultraja,  o  el viento   fresco del eucalipto. La  muerte y  la vida.  Como una  plegaria de identidad que se aferra al amarillo  sin voracidad,  al  azul sin ultrajes, al rojo sin sangre.



 HORARIO DE   APERTURA DE  11 AM A  7PM  
JUEVES 14, VIERNES 15  SABADO 16  DE DICIEMBRE


Gracias a Gloria Ortega   por la siguiente entrevista :

"La conocí leyendo en letras de molde sus textos en El Espectador bajo la dirección de Don Guillermo Cano. Una discípula destacada que recogió sus lecciones haciéndolas suyas en el ejercicio periodístico durante casi cinco décadas de actividad y compartiéndolas desde la academia con estudiantes.

Aun siendo yo estudiante en el Externado de Colombia fue mi modelo a seguir junto con otros grandes como Germán Castro Caycedo, por mencionar alguno, de esa bella época dorada en dónde el rigor y la ética alumbraban las letras del periodismo en Colombia, leíamos seis diarios en Bogotá y veíamos 8 noticieros de TV. Había trabajo para todos y el disenso enriquecía."

Para leer la entrevista completa ir al siguiente link: 


miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Fast track, a la Colombiana? ¿Mejor early tracking, unwinding the winding o, simplemente, fair play?

 De la noche interminable  al largo atardecer de la Corte  Constitucional,  la  expresión “fast track” se volvió “in”. 

 Gracias a Internet, buscar qué significa la  palabreja  inglesa  es más  fácil que aplicar el atajo. Esto es, dejar la pendejada de dilatar,  que  es lo que quiere  decir atajo  en castellano o español criollos, trátese de la refrendación  del  acuerdo  con las FARC o de todo  aquello que ha producido (con buena o mala intención)  una impaciencia colectiva.

Para los jóvenes,   saturados  de  politiquerías  y alejados de los  fundamentos del derecho, Fast track no es más que  un protocolo  de red  de  intercambio de archivos, o, en la vida real,  hacerse los sordos y mudos ante  la  carreta. Para los juristas  anglosajones,  supongo (porque ya  se  me olvidó estudiar  derecho comparado),  debe tener un significado más preciso.[1]

Pero, en un país bloqueado por la  burocracia,  el clientelismo, la mermelada, la discursividad  y todos sus afines,  lo que  necesitamos los  ciudadanos es que  todo lo que  tenga  que ver  con lo público  se “faastraquée”.

Frente  a nuestra  acostumbrada  discursividad, el  fast track,  ahora  in, seamos  juristas o no,  magistrados o no, simples  ciudadanos exasperados por las leguleyadas y los  trancones,  es  una manera de decir que hay que  apurarle.  Y  frente a la  cada vez  más desprestigiada Corte,  que  ésta  tiene  que decidir si  apurarle o no.

No  entiende  uno por qué, por  ejemplo,  la Corte Constitucional no solo gastó  doce  horas  para decir aplazar su decisión, sino  aplazó  hasta  el  12 de diciembre para  decidir. Tampoco  entiende  uno por qué no aplazó  esos otros compromisos y viajes ante  semejante encrucijada, una  demora que  a lo único que conduce es a dejar en  salmuera el país.

Por cierto, más que aprender a pronunciar  la palabreja, vale la pena  estar  al tanto de sus significados, que  pueden ser  opuestos en términos de chamboneo. Porque  apurarle por  atajos  puede traducirse  en  chambonear o no chambonear, es decir, en  el juicio  sobre quien chambonea o no chambonea, que se nos ha vuelto una especie de tic  mental, contagiando  en este caso a la Corte. 

Foto MTH
Por ejemplo, para la  oposición, todo  es chamboneo;  desde  el  gobierno, nada  es  chamboneo, trátese del Gobierno de  Santos o del de Uribe, del de Pastrana  o  del de Gaviria.

En el caso de la Corte Constitucional, el temor es de chambonear  o no chambonear,  sin  caer en cuenta  que sus  dilaciones  son  más el producto de  su politización  que de una necesidad de "profundo análisis".

 La realidad  es que  se chambonea y que las dilaciones no  son remedio  para no chambonear. Para  citar otro  ejemplo,  en el caso  contrario,  de aplicación apurada  del  Fast  track o atajo,  el  alcalde Petro creyó que  lo importante  era  rebajar la tarifa del Transmilenio,  de manera generalizada ( con un decreto de julio 2012), cuando  apurarle  era mejorar el  servicio, lo que  deseamos todos  los  bogotanos, pero sobre todo los de menos recursos.  

¿Mejor  inventarnos  otros  “anglicismos”?


 Pero  ya que estamos  apropiándonos  de anglicismos,  deberíamos  entender  qué  significan  en  cuanto a  eficiencia.  Por  ejemplo, el sistema oral  ha  sido  malentendido por  la  administración  de justicia,  todavía  rezagada en lo  escrito-oral  sin  hacer cambio de chip.

 Y,  ya que  parecemos  tan ágiles en  anglicismos  pero con tantas  dificultades de aplicación de los mismos,  deberíamos  inventar  o buscar  nuevos  anglicismos  por  ejemplo:

Early track. Según  el diccionario de Cambridge ,  track es "camino, pista, huella, tema, vía, seguir la pista de"   lo que no le quedaría  mal  a  muchos de nuestros  políticos siempre y cuando  dejen a un lado  su discursividad.

 Unwinding the Winding o vice versa: capacidad de desenredar lo enredado, de enrollar lo  desenenrollado,  pero en  todo  caso, de avanzar  y no  estancarnos.
  
Pensándolo bien,  ante ese trabalenguas,  de pronto , y si insistimos en anglicismos,  nos  sería más útil utilizar una sola expresión que anula todas las anteriores el  fair play, que  Wikipedia traduce como:

El Juego limpio (en inglés, fair play) es una expresión muy utilizada para denominar el comportamiento leal y sincero, además de correcto, en el deporte,  (en  todas las relaciones humanas, agrego),  y  en especial fraterno hacia el contrincante "oponente", respetuoso ante el árbitro correcto con los asistentes. También es el buen juego que tienen o la buena convivencia entre los oponentes".

Sobra decir que hace mucha  falta en  estas épocas de sobresaltos...




[1] En el caso  de marras  es decir la  continuación de lo que no es más  que un acuerdo entre dos partes,  el procedimiento  está muy bien  explicado por el  Heraldo que  http://bit.ly/2hfeqsW